Ben Clark, presencia literaria II
La
Fundación Carlos Edmundo de Ory acogió el día 24 de abril, dentro del ciclo
Música de Lobo, la presentación del libro La policía celeste, del
maravilloso autor Ben Clark, el cual recibió el XXX Premio de Poesía Fundación
Loewe. Curiosamente, el poeta José Ramón Ripoll, ganador del anterior premio
Loewe, fue quien presentó al poeta.
Fuente: foto propia
Describe
así Ripoll el poemario del autor y defiende el arte por encima de todo. De
Clark destaca su estilo personal muy marcado, al igual que la sencillez y la simplicidad.
Entrando un poco más en el libro La policía
celeste, Ripoll explica que es mucho
más que un hilo conductor de una búsqueda personal del poeta, pues busca en la
oscuridad cuerpos que brillen por si mismos o por el sol. Resalta que busca el
amor de cualquier modo y se salta los cánones. La obra trata sobre el espacio
como metáfora y destaca muchísimo la figura del padre. Recalca también que el
tiempo es oro. Termina su intervención haciendo alusión a algunos poemas en
concreto, como por ejemplo el poema Origen.
Acto
seguido, toma la palabra Ben Clark que recalca en varias ocasiones que para él
es un orgullo estar allí a la vez que le llena de satisfacción que sea Ripoll
quien le pase la corona del premio Loewe.
Fuente: foto propia
No
tarda nada en empezar a leer poemas de su libro, que lo hace al azar, en
cualquier orden para reinventar el libro.
Comienza
con mi hijo el poeta y lo recita.
Sigue con un poema bastante narrativo llamado la habitación el cual también recita. Con especial cariño menciona
un poema dedicado al cometa Halley, explica que entró en el libro de casualidad,
tarde y que fue gracias a un amigo. Clark comenta que su libro está dentro de
otro libro, por un lado está el amor al padre y por otro el amor romántico.
Siguió recitando poemas hasta el final del acto.
En
conclusión, La policía celeste gira
en torno a temas muy universales como son el amor, la muerte o la familia, pero
ante todo es una celebración de la poesía. Fue un acto maravilloso donde únicamente
bastaba con cerrar los ojos y disfrutar del autor leyendo sus poemas con un
tono muy cercano.
Fuente: foto propia